Durante años, Martha Candela ha sido una figura tan incómoda para algunos sectores religiosos como profundamente inspiradora para otros. Su manera de predicar, cantar y hablar de Dios no responde a los moldes tradicionales del cristianismo evangélico, lo que la ha colocado en el centro de la controversia.
Lejos del personaje disruptivo que muchos perciben, Martha Candela esconde una historia marcada por el dolor, la depresión y una profunda búsqueda espiritual que, según afirma, culminó en un encuentro íntimo y transformador con Dios.
Cantante de música cristiana, adoradora pentecostal y predicadora de lenguaje coloquial, Candela asegura que nunca se propuso ser diferente ni desafiar estructuras establecidas. Su estilo, explica, es una expresión natural de su proceso personal de sanación y fe.
A lo largo de su testimonio, la artista ha relatado episodios de profunda oscuridad emocional, momentos en los que la música y la religión se convirtieron en refugio y herramienta de reconstrucción interior. Esa vivencia es la que hoy transmite desde los escenarios, los púlpitos y las plataformas digitales.
Su mensaje, directo y sin formalismos, conecta con audiencias que no se sienten representadas por los discursos religiosos tradicionales, pero que buscan una espiritualidad auténtica y cercana a la realidad cotidiana.
Martha Candela se ha consolidado así como una voz distinta dentro del ámbito cristiano, una figura que incomoda, provoca debate y, al mismo tiempo, inspira a quienes ven en su historia una prueba de que la fe también puede nacer desde la vulnerabilidad y el dolor.

